Conques debe su origen a una ermita. Los raros textos de los que disponemos mencionan, en efecto, un cierto Dandon o Datus, que se había retirado a finales del siglo VIII, a este lugar salvaje para llevar una vida contemplativa. Datus, abreviación del latín Deodatus(Déodat, en francés Dieudonné) es un apodo que hace probablemente alusión a la vocación religiosa de "el que se da a Dios". Es casi posible de determinar el emplazamiento de su ermita: nadie duda, en efecto, que la fuente del Plo que fluye ahora al pie de la abadía, debajo del actual pórtico, haya sido el elemento determinante en la elección del anacoreta. Poco después de su instalación, según una carta fechada en el año 819, "un hombre lleno de piedad, llamado Medraldus, se retiró al mismo lugar y vivió con Dandon. Su santidad se extendió por los países vecinos. Entonces, otros, sintiéndose atraídos por la misma vida contemplativa, decidieron tomar este tipo de vida. El grupo piadoso aumentó poco a poco y elevaron en este lugar una iglesia dedicada al santo Salvador" Pero Dadon, estimando sin duda su misión cumplida y fiel hasta el final a su vida de soledad eligió el "desierto" por una segunda vez y se fue a fundar la ermita de Grand-Vabre, a unos kilómetros al Sur de Conques, en el valle del Dourdou. Previamente, confió la dirección del monasterio, que no tardará de adoptar la regla de San Benito, a su primer discípulo Medraldus.
Es la época donde los soberanos carolingios, por motivos tanto políticos como religiosos, favorecían y colmaban de ventajas los monasterios de su imperio. A decir verdad, sin esos favores reales, el desarrollo de la abadía conquese habría sido obstaculizado o incluso irremediablemente comprometido por la pobreza del lugar, incapaz de sostener una población numerosa de monjes. Louis el Piadoso, rey de Aquitania, durante la vida de su padre Carlomagno, habría visitado, en varias ocasiones, el monasterio de Medraldus, colocándolo bajo su protección e imponiéndole incluso el nombre de Conques. En 819, hizo nada menos que diez donaciones de tierras a su favor. Veinte años mas tarde, Pipino II, rey de Aquitania, le concedió Figeac, el "Nuevo Conques", donde van a instalarse numerosos monjes. A estos dones se añadieron el oro y la plata, los tejidos preciosos, las tallas y los camafeos antiguos que son el origen del tesoro de Conques. Esa generosidad real o imperial, aumentada por las familias patricias de la provincia, tuvieron aquí profundas resonancias. Pero la memoria colectiva solo recordará el nombre de Carlomagno, el bienhechor por excelencia, que eclipsó a todos los otros miembros de su familia. Y tendrá naturalmente una plaza privilegiada en la comitiva de los elegidos en el tímpano del Juicio final de la abadía románica. Sin embargo, los favores del emperador Carlomagno, no fueron nada, desde otro punto de vista, respecto a los que concedió al monasterio una santa, asociando para siempre su nombre al de Conques.
Curiosamente, el destino de Conques parece haber sido sellado en los tiempos del emperador romano Diocleciano, en el momento de las grandes persecuciones de cristianos de principios del siglo IV. En efecto, lejos de aquí, una joven habitante del la ciudadela de Agen, Foy (Fides en latín), convertida al cristianismo por Caprais, obispo de la ciudad, había rechazado hacer sacrificios a los dioses paganos y por esta razón sufrió el martirio, a la edad de casi doce años.
Office de Tourisme - 12320 CONQUES tél. 0820 820 803 ou +33(0)5 65 72 85 00 | Website : www.conques.fr | e-mail : tourisme@conques.fr | Contactar | Libro de oro | Tarjetas postales | Fondos de pantalla | Mención legal
