Por miedo a los incendios, se tomó la precaución de instalar los hornos de pan fuera de las murallas. Todavía existen dos, reconstruidos en la época moderna, uno delante de la antigua puerta de Fumouze, al "extremo de la ciudad", y el otro en el foso que rodea la muralla occidental..
Conques tiene también el privilegio de conservar algunas fuentes que datan de la época romana, todas concebidas con el mismo modelo. El agua de manantial, captada por una canalización de piedra, se vierte en un aljibe subterráneo mamposteado y cubierto por una bóveda de medio punto; el acceso se hace desde la calle a través de un arco de medio punto. En el siglo XII, la Guía de los Peregrinos de Santiago de Compostela dió a conocer la fuente del Plô debajo de la plaza de la iglesia: "Delante de la puerta de la basílica fluye una fuente excelente donde las virtudes son tan admirables que se deben dar a conocer" Este aljibe penetra bajo el suelo de la plaza hasta la altura del pórtico de la abadía. La fuente de Fumouze que acogía los peregrinos al término de su larga etapa, ha guardado los brocales destinados a recibir los cubos. Y las claves de su arco, en caliza amarilla, muy bien aparejadas parecen ser las contemporáneas de las de la iglesia románica o del claustro. Por último, la fuente del Barry, se sitúa también fuera de los muros, en la orilla de la calle Charlemagne que permite desembocar en los barrios bajos de la ciudad, donde se concentraban en otra época las actividades artesanales (molinos, curtiduría...)
En este sector, llaman la atención dos monumentos medievales: la capilla Saint Roch (siglo XV), asentada sobre un contrafuerte rocoso, que recuerda la existencia en este lugar del castillo primitivo de Conques, datado en el siglo XI; y en el valle, el puente "romain" (así designado porque era cruzado por los peregrinos o romius) que permite atravesar el rio Dourdou.